Elarbol



U  B  L  I  C  I 
D  A  D


U  B  L  I  C  I 
D  A  D
 

 
    
    
 
 
EL ÁRBOL DE
CHOCOLATE Y CARAMELOS
 
 
 
 


En un castillo, rodeado de grandes
árboles, vivía una princesita inquieta, deseosa de hallar nuevas
aventuras. Cada vez, que miraba por la ventana, se atrevía a
preguntarle al Rey:



 – Su Majestad… Me permitiría ir al bosque para buscar hojas brillantes o
alguna cosa interesante?-

-Querida hija mía- le respondía el rey- Ya sabe Ud. cuántas
personas se han perdido allí y no sería agradable para mí, el
perder tan preciosa princesa.-






A pesar de los consejos del Rey, la
princesita, un día, se encaminó hacia el bosque. Fue
introduciéndose más y más hasta llegar a un árbol gigantesco,
pero este, no tenía hojas brillantes, sino ramas con ramilletes
de chocolate y caramelos.



-¡ Es fabuloso!- exclamó la princesita- Le mostraré al rey mi
descubrimiento!.-



Pero no pudo evitar la tentación de
comerse todo lo que estuviese a su alcance. Tanto, que se quedó
dormida sobre una raíz.






Después de un largo rato, escuchó el
grito de un pájaro. Despertó sobresaltada. Al mirarse se dio
cuenta que se había convertido en un ave de hermosos colores.
Había empequeñecido y podía volar.

Intentó hablar con otros pájaros, pero, cuando ella se acercaba
remontaban vuelo. Con dificultad, voló hacia el castillo y
detrás de la ventana observó al rey en su trono, muy preocupado.



-¡ Su Majestad…! ¡Su Majestad…!- gritó la princesita.






Por un instante, el rey creyó oír la
voz de su hija. Se acercó a la ventana y la abrió. Tanto fue la
alegría de la princesita que comenzó a dar unos horrichillidos,
aleteando sin cesar.



– ¡ Este pájaro está loco!- comentó el rey y después de cerrar
la ventana, volvió a su trono muy triste.

Y volando hacia lo alto de una rama, la princesita se puso a
llorar desconsolada.






Mientras, el sol, se escondía y la
luna, comenzaba a asomar detrás de las montañas. Una luciérnaga
que pasaba por allí, la escuchó y pregunto:

 -¿ que te sucede?. Con
lágrimas en los ojos ella le contó lo sucedido.



-Yo conozco un brujo… – dijo la luciérnaga-… que vive a mil
doscientos árboles de aquí, pero, tenemos que tener cuidado de
las lechuzas, si nos ven… les dirían de nuestra presencia a
los lobos.






Y cuidando de no hacer ruido,
llegaron al centro del bosque. Cerca, muy cerca se encontraba la
cabaña del brujo. Al llegar, el pájaro picoteó la puerta. El
brujo medio somnoliento abrió.



– ¿ A que vienen aquí? ¡ A esta hora!- dijo enojado.



Él entendía su lenguaje y ella contó su historia

– Muy bien… – dijo al final el
brujo- consultaré mis libros. ¡ Alguna fórmula encontraré!-



Sacó de un baúl, varios libros
cubiertos de un polvo blanco. – A ver… Este no… este
tampoco. Personas… pájaros a personas…¡ Si éste es ! ¡ Acá
está!-. (Esto último, hizo palpitar el corazón de pájaro de la
princesita) Abriendo el libro, comenzó a leer. Luego exclamó

 -¡ Debo conseguir un diente
de Dragón! -.



La luciérnaga preguntó sorprendida – ¿ UN DIENTE DE DRAGÓN? –



– ¡ Sí! Será una misión… ¡Muy riesgosa!- le respondió,
pensando en voz alta- ¡Saldremos en este mismo instante! –



Y tomó una bolsa que estaba arriba
de la mesa y salió. Sin decir una palabra, ambos lo siguieron.






Llegaron a un lago. La luciérnaga,
apago por un momento su farolito. El pájaro asustado lanzó un
chillido desesperado.

– ¡ Silencio! Gritó el brujo y se
sentó a esperar.

– ¿A esperar qué? – pregunté.

– – ¡A que aparezca el Dragón!-

.




El bosque comenzó a temblar. Se oía
un rugido terrorífico. Un monstruo, se acercaba muy aprisa.
lanzando fuego por la boca,



-¡ Pronto! – dijo el brujo- Yo, subiré al árbol y le pegaré muy
fuerte. Ustedes traten de distraerlo para que no me vea-.






Llegó el momento tan ansiado. El
brujo, con un garrote en la mano se preparaba para ese instante.
El pájaro y la luciérnaga tenían que traerlo hacia el árbol
donde estaba el brujo. Él los vio. Venía corriendo cuando sintió
el golpe. El diente cayó al suelo y el Dragón se quejó dolorido.
Luego, furioso, se abalanzó sobre los indefensos animalitos,
lanzando llamaradas. El brujo, bajó del árbol y guardó el diente
en la bolsa.






Por suerte, el pájaro tuvo una gran
idea. Comenzó a picotearle los ojos al Dragón y éste no podía
ver hacia donde se dirigía. Con silbidos y chillidos lo atrajo
hacia el lago. El monstruo se hundió en las aguas y desapareció.



Volvieron a la cabaña. El brujo preparó el brebaje

-¡Ahora bebe!- le dijo. Este tomó un poco y el brebaje comenzó a
hacer efecto. Primero, se convirtió en un enorme pájaro. Luego
sus alas fueron trasformándose en brazos, sus patas en piernas,
se fue completando su cuerpo y apareció una linda carita con
hermosos rizos dorados.



-¡Oh, eres muy hermosa! – Le dijo a la luciérnaga.






Bailaron los tres, hasta el
amanecer. La princesita volvió al castillo acompañada por sus
amigos. Le contaron al rey lo sucedido. Y este los invitó aun
gran banquete premiando al brujo y a la luciérnaga por haber
salvado a su hija.



Luego les dijo: – Enviaré leñadores al bosque, para que corten
ese árbol y entierren todos los chocolates y caramelos para que
nadie los pueda comer-



– ¡ NO!- suplicó el brujo – no es culpa del árbol, Señor, es
culpa de los hombres.



Ante sus frutos se tientan y luego
se convierten en pájaros. Los que quieren ser libres se
convierten en esclavos del bosque y casi nunca pueden volver-.






El Rey, guardó silencio por un
instante y dijo: – Está bien… lo pensaré. Mañana tendrás mi
respuesta.

– ¿ Vos, qué harías? ¿Me ayudas a terminar el cuento?

 

 
 
 

 
 



Autor/a del cuento

©
Alicia B. Vittorio
55 años